2/1/10

FUE INTELIGENTE LA LOCURA DE CÉSAR URETA





Cuando la serie semanal de programas “Estrafalario” era transmitida cada semana en la televisión estatal, no me desprendía de enfrente del televisor. Entre tantos artistas, uno tan bueno como el otro, había una figura que destacaba con notoriedad por los graciosos personajes que interpretaba. Esa figura era la del loco Ureta.



Me comentaba mi madre que se trataba de uno de los miembros de la célebre familia Ureta, de artistas peruanos. “Debe ser una oveja descarriada” comenté, sin pretender darle sentido homosexual al artista a pesar de que personificaba a Rita Pavone y otras figuras femeninas de perfiles grotescos. Era un tipazo, un gran cómico.


Una vez fallecido César Ureta, Pedro Enrique Vega Coriat, notable periodista iquiteño me comentó que su vecina llamada Palmira, guapa mujer loretana, era la viuda del cómico limeño. Pedro Enrique entonces vivía en la calle Morona frente a la plaza Sargento Lores. El loco Ureta estuvo ligado a Iquitos a través de su esposa.


Recientemente en un paseo por la Internet, ingresé a una página sumamente interesante www.arkivperu.com,  que me cautivó por sus agradables temas. Realmente sensacional que sin sentirlo me mantuvo navegando entre sus posts por algunas horas. Es ahí donde pude encontrar la loca historia de este célebre personaje del teatro y la televisión peruana y quise compartir parte de ella, especialmente en la definición que da a su vida.


A continuación un fragmento de esta entrevista, espero que la disfruten.


ENTREVISTA INSOLENTE A CÉSAR “LOCO” URETA


Fuente: Revista Zeta, Setiembre -Octubre 1979.
Fotos: Zeta y Caretas.



¿Podrías contar tu vida rápidamente?


Nací en Lima en una ribera de la calle treinta y dos. El día que yo nací no nació ninguna flor. Me trájo el Pájaro Loco. Llegué a mi casa y mi mamá había salido. Al rato empecé a tener hambre y me fui a la casa de la vecina para que me diera un poquito de leche y ella me dió un poquito nomás, porque le daba de mamar a todos los niños del vecindario. Luego fui a mi casa. Mi mamá ya había llegado. Le dije: "Mamá ya nací". Ella me dijo: "Que sea la última vez. La próxima te rompo el alma". Una vez que se calmó le dije: "No te preocupes mamá, que ya me eché el talco que estaba arriba de la alacena". "Te has hechado el queso rallado, tonto", me dijo.


Pasada la sorpresa, mandó llamar a mi papá para que viniera a conocer a su hijo. El vino muy contento. Imagínense, cinco años que no venía. El había estado trabajando de buzo en una acequia; pero lo ascendieron y lo pasaron a la piscina.

Al día siguiente me mandaron al colegio. Regresé muy temprano y le dije: "Mamita, el estudio no me gusta matatirutirula". De mi niñez no me acuerdo porque sufro de magnesia.


Pasaron los años y llegué a los quince, la edad en que todos los muchachos aspiran a ser como sus grandes héroes, James Bond, Batman, Superman, Tarzán, Marlon Brando... algunos como Raquel Welch. Yo como no le pedía mucho a la vida quería ser como ese gran actor que trabaja en "Estrafalario" en canal y que hace Au... aú, que se llama César Ureta. Ahora que estoy viejo y acabado, digo: "Pude ser un gran artista".


Además, en la mencionada entrevista, preguntan a César Ureta …


− Aparte de ser loco eres calvo, ¿desde cuando eres calvo?


Desde que nací.


− ¿Y cuando te diste cuenta?


Un día estaba caminando y me tropecé con un mechón de mi cabeza, por si acaso, de aquí arriba.


− ¿Pero te gusta ponerte faldas?

Reconozco que me gusta ponerme faldas, pero no me aloco, no me aloco, no me aloco, no me aloco.

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