22/9/07

SIN ODIOS, ENCONOS NI VENGANZA CONTRA FUJIMORI

Bien hizo el cardenal Juan Luis Cipriani en convocar a los peruanos para que dejemos de lado los odios, los enconamientos y las venganzas debido a los procesos judiciales que enfrentará el ex presidente Alberto Fujimori en el Perú. Aconsejó que "Es difícil, pero el país requiere de una mayor madurez".

Se transpira mucho rencor en nuestra sociedad, infelizmente alentado por algunos líderes de opinión que de forma descuidada adelantan juicios y desnudan pasiones cuando apresuran sentencias y otras alusiones que consuman lo que se prejuzga. Es esta hora, el momento de la serenidad y la conciencia de que lo que se viene desarrollando es histórico, por que nunca antes se ha dado la extradición de un presidente de la República para ser juzgado por lo delitos que se presume haya cometido, solamente eso. Cualquier otra cosa se podrá conocer y validar al final del proceso que se le sigue por todo lo que se le acusa.

Los diarios, todos o casi todos, encabezan portadas y noticias con alusiones exageradas y por demás cargadas de resentimiento. De la misma manera en que utilizan su verbo algunos políticos y vividores de la política que buscan protagonismo en este escenario en el que debe prevalecer es la serenidad y la responsabilidad, a fin de fortalecer el valor de las instituciones y liberar la aplicación correcta de sus funciones, como podría ser el que deba cumplir el Poder Judicial.
La exageración de los términos utilizados en contra del ex presidente Alberto Fujimori por parte de los dirigentes de la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) constituye una afrenta a la objetividad. Igualó al ex presidente con delincuentes genocidas como Abimael Guzmán y otros de la misma gavilla, algo que es extremo. Esta organización que actúa desigualmente para su defensa, nunca se ha pronunciado a favor de las víctimas del terrorismo que lucharon la seguridad y la paz nacional (entiéndase militares, policías, civiles entre ellos ronderos voluntarios), sin embargo hace alarde de sus constantes defensas a personas triste e infelizmente asesinadas, que son los menos de este país. La balanza de la equidad no existe y ahora solamente levantan la bandera del genocidio.

Fujimori tuvo un gobierno para muchos discutibles y una conducta que siempre se nos ha mostrado como propia de dictadores prepotentes, aplastantes y hasta genocida. Corresponde ahora que la justicia realmente sea administrada debidamente; será esa actitud la que nos enseñará a ser mejores ante el mundo y fundamente entre nosotros.
Tanta es la equivocación de las actitudes y el manejo de los medios de comunicación que durante el relato en la televisión, un cuestionado periodista comentaba transmitiendo en directo la llegada del extraditado presidente, diciendo que “éste es el último vuelo que dará (Fujimori) en su vida….”, expresando de esta manera una pobreza de la objetividad que realmente es detestable y que mucho daño le causa a los medios de comunicación en su rol social de informar correcta y expresarse adecuadamente.

En mi parecer, el viaje final de esta extradición fue muy bien manejado por el Gobierno peruano, evitándose el circo que preparaban los enemigos y los mismos fujimoristas. Se cambió el escenario de llegada, se trabajó de tal manera para no permitir que las cámaras fotográficas o de vídeo hagan show y escarnio sobre la figura del ex mandatario. Al momento que descendió en Las Palmas, vehículos de bomberos o portatropas se interpusieron con mediana sutileza para impedir que las cámaras llegaran a Fujimori y sus acompañantes. Una correcta faena que parecía contribuir a aminorar el espectáculo.
Luego de ver la llegada de Fujimori, me queda la sensación de una profunda frustración que ocasiona el sentimiento de atraso en que vivimos, todo porque fundamentalmente tenemos un clima de denso negativismo y odio que han sembrado los menos que son los que más nos pueden estar haciendo de tontos útiles.

Es por eso que me adhiero a las palabras de llamado que hizo el Cardenal Cirpirani, para que se deponga el odio, el rencor y los enconos, en plena conciencia de que "Comprendo que es una tarea casi imposible, pero la verdad es lo único que beneficia y sana a la gente. Todo lo demás alborota los espíritus".