27/03/12

JUAN MIGUEL DEL ÁGUILA SALAZAR: UN GRANDE DEL FÚTBOL

De distintas maneras, el aficionado peruano le ha tributado respeto a una de las figuras más queridas del fútbol loretano de todos los tiempos. Una de las causas de esa admiración fue sin duda que haya sido uno de los principales goleadores de las selecciones juveniles de Perú en su historia internacional, aunque solamente jugando un campeonato juvenil en 1971 en Asunción, Paraguay y su correcto comportamiento. La vida luego no le ha dado poco, fue jugador de Deportivo Municipal, CNI y Universitario de Deportes.
“Estuve entre los posibles seleccionados para mayores pero junto a mi habían verdaderos monstruos”, reconoce Juan Miguel del Águila Salazar. Ahora alejado de la práctica del fútbol, dedicado a sus labores en Petroperú y entregado plenamente al seguimiento de los acontecimientos del deporte más popular. Esporádicamente se reúne para correr detrás del balón con veteranos y símbolos del fútbol entre los que se encuentran Bernabé Navarro, Oscar Cacho, Roberto Archimbaud, cañoncito Rengifo y otros. Este es el ídolo en su reposo.



Nacido en Iquitos pero cuajado entre los más grandes del fútbol nacional con quienes se tuteaba, porque no es ni será un cualquiera sino que es uno de ellos: un grande. De las canteras del Deportivo Municipal, pero antes fue jugador de la selección escolar de la Gran Unidad Mariano Melgar de Lima al lado de Augusto Palacios, su mejor amigo de la época. Estando allí accede a la selección nacional juvenil en el año 1971 donde es dirigido por Alejandro Heredia.
“Ese fue un año especial, fuimos terceros junto a Argentina. Llegué a la selección dentro de un grupo de 400 muchachos. Ya había sido goleador en el Colegio Mariano Melgar y en ese campeonato jugado en Asunción había marcado 4 goles. Fue un sudamericano inolvidable, marqué el gol con que eliminamos a Brasil. En esa misma selección estuvo Juan Carlos Oblitas”, diciendo eso, Juan Miguel se emociona al recordar su exitosa juventud.
Desde entonces estuvo vinculado firmemente a los mejores momentos del fútbol nacional. A los 17 años debuta en primera jugando por Deportivo Municipal. Su paso fue realmente exitoso. Anotaba y asimismo contribuía junto a Hugo “el cholo” Sotil para que Mellán se transforme en goleador nacional.
“No recuerdo cuántos goles hice como profesional. Pero de mis jugadas y las canchas donde jugué si se que fueron muchísimas. Me retiré a los 29 años, en un buen momento de mi carrera”, rememora el gran delantero iquiteño que inscribe con orgullo sus 59 años de edad.
De Deportivo Municipal se vino a CNI, donde su paso fue brillante llegando a ganar el título nacional en el descentralizado en 1977. Fueron años inolvidables donde jugar sobre un gramado raleado de césped con tierra y barro, al mediodía o cualquier hora, los hacía imbatibles. A la casa se la respeta. Recuerda que en ese entonces, Unión de Santa Fe de Argentina vino con Zuñé, Hugo Orlando Gatti, el goleador Leopoldo Jacinto Luque y aquí jugaron un amistoso que los iquiteños igualaron a 1 gol, con anotaciones de Luque y Bernabé Navarro.
Aun con la inocultable tristeza que le causa el descenso de CNI, Juan Miguel del Águila Salazar tiene la esperanza de volver a ver pronto a los albos en la profesional. Donde el loretano también fue figura es en Universitario. La crema en sus mejores tiempos. Jugó al lado de grandes figuras del balompié peruano. Recuerda sus sazonadas jugadas y sus amistades con estrellas nacionales e históricos como Lolo Fernández, de quien comenta sus chistes diarios antes de las prácticas y sus anécdotas con risotadas finales. Nosotros, los del primer equipo, entrenábamos luego de que Lolo lo hacía con los menores y hablar con él era agradable”, dice Juan del Águila quien lamenta a rabiar no haberse tomado una fotografía con el gran cañonero.
El gran puntero albo, crema, edil y de la selección nacional juvenil, terminó su carrera jugando la Copa Perú por el capitán Clavero. De los grandes estadios de América, en medio de la rugiente afición internacional disfrutó tan igual como pasando a jugar con mucha emoción en campos de fútbol de Mazán, Tamshiyacu, Indiana y otros pueblos de la Amazonía nuestra.

jugadas y sus amistades con estrellas nacionales e históricos como Lolo Fernández, de quien comenta sus chistes diarios antes de las prácticas y sus anécdotas con risotadas finales. Nosotros, los del primer equipo, entrenábamos luego de que Lolo lo hacía con los menores y hablar con él era agradable”, dice Juan del Águila quien lamenta a rabiar no haberse tomado una fotografía con el gran cañonero.
El gran puntero albo, crema, edil y de la selección nacional juvenil, terminó su carrera jugando la Copa Perú por el capitán Clavero. De los grandes estadios de América, en medio de la rugiente afición internacional disfrutó tan igual como pasando a jugar con mucha emoción en campos de fútbol de Mazán, Tamshiyacu, Indiana y otros pueblos de la Amazonía nuestra.
PD: Nota publicada en el Suplemento TABLERO DEPORTIVO del Diario La Región el 5 de marzo de 2012

11/03/12

PERRO VAGO, PERRO ARREPENTIDO, PERRO ELEGANTE


No mencionaré el periódico, pero cualquiera de los diarios impresos de Iquitos puede ser la inspiración de este comentario que dicho sea de paso de manera increíble corresponde a la vida o a lo escrito realmente. En la referida publicación pude leer, en una de esas tantas notas policiales algo tan sorprendente que supongo debe ser parte de la imaginación del redactor. “Un motociclista cayó al pavimento luego de perder el equilibrio debido a que su vehículo impactara en el cuerpo de “un perro vago”. Sorpresa, es una noticia realmente sensacional y que debe atraer a cualquier imaginativo de los equipos de producción del cine mundial o de esas series exitosas de la televisión nacional peruana.
El motociclista atropelló a un perro vago. Vaya que mundo el nuestro. Los perros son seres que tienen trabajo regular y formal, lo pierden o nunca lo tuvieron. En este texto faltaron algunos detalles para ampliar la noticia, como por ejemplo conocer si es que ese cuadrúpedo animal se encontraba vagando disfrutando de sus vacaciones, del día de descanso o quién sabe vagaba luego de cumplir con sus habituales horas de trabajo en vez de estar en casa haciendo sus quehaceres. Lo cierto es que el pobre “perro vago” fue víctima accidental de la circunstancia que acabó con su vida. De acuerdo al diccionario de la lengua española vago significa perezoso, holgazán. Desocupado, sin oficio.
La ilustración que le dio el redactor estuvo inconclusa, dejó a medias la noticia ya que no dio cuenta del nombre y apellidos del “perro vago”, su edad colocada entre paréntesis, cuántos cachorros dejó en orfandad, si era un desempleado o en caso contrario dónde trabajaba el ladrante finado. Lo cierto que el pobre can protagonista de esta triste noticia ya no está entre los vivos pero si en la imaginación del redactor que lo ve fallecido en medio de un velatorio, con los rostros compungidos y los ojos llorosos de sus perrunos familiares y amigos compañeros de vagabunderías, de tertulias o del trabajo que moquean su partida en medio de anécdotas y quizá escuchando el aullar de una perruchita que funge de plañidera mientras se sirve una sopa de huesos con panecillos untados con paté.
El “perro vago” muerto al impactar con una motocicleta está allí como símbolo de la ligereza del redactor con espíritu imaginario del guionista o de niño iluso que cree en las historietas animadas. Ese perruno personaje de la noticia seguirá en el verso de la poesía del “perro arrepentido” del Chavo del Ocho. Quizá seguirá en el verbo del iluso muchacho que en su anécdota describía corriendo al “perro sonriente” o en el recuerdo de la conversa graciosa de mis padres que se referían a un amigo, medio familiar, como el “perro elegante”.