14/11/10

ADIÓS ROSITA

Su cuerpo yace inerte, dicen que parece dormida, pero no… se ha ido. Ha dejado este mundo de su sufrimiento y nos ha dejado el dolor de su partida. La abue Rosa, nos envuelve en el llanto con su fría presencia. Para muchos fue una sorpresa ya que en su frágil figura apreciaban su dinámica y su fortaleza. La abue Rosa se ha marchado para nunca más volver.

Pido la licencia a mis lectores para ocuparme de un tema muy particular que horada mi alma, casi siempre serena, que es hablar de mi madre política, vinculada a mi vida por más de treinta años. No es poco, no es superficial, su presencia en mi vida es profunda trascendencia. Ha fallecido ella: la abue Rosa. Fue la tarde del 13 de noviembre, el reloj marcaba las 4, su corazón se paralizaba por siempre.

Ceci dice entre sollozos: “Diositoooo! Te has llevado a mi angelito renegón!... La viejita nos dejó!" La tristeza nos embarga con solamente pensar en que la muerte la vino a llevar, me envuelve la impotencia al pensar un escenario con Julio Fernando junto a ella, en su lecho de muerte haciendo fortaleza y arañando a la parca para rescatar a la mamá. Desesperado pero fiel a las esperanzas cuando los indicadores de los equipos de control vital descendieron violentamente anunciando su viaje eterno, recordándole los momentos añejos y los nuevos.

La viejis está allí, con rostro sereno pero sin vida en su caja final. La recuerdo, una de esas tantas tardes de su autoexilio en Iquitos, con la mirada en la profundidad, sin meta, quién sabe pensando en su juventud, en los seres de partida irreversible que estuvieron junto a ella o en sus hijos y nietos de larga ausencia.

La vida es así, es de lucha y triunfos. Ella tuvo de eso, de lucha permanente por construir en medio de su humildad, de su pobreza, de su carácter, de su incomprensible naturalidad de sus sentimientos, de sus diferentes formas de sentir y expresar su amor. Única, así lo entendieron sus hijos y sus nietos. Ella luchó, la abue Rosita triunfó porque de ella quedan sus trazos vitales, su estela de vida, de la realización de sus esfuerzos que se expresan en su prole.

Antes fue el viejo Julio. ¡Viejo qué lejos estás de nosotros y seguramente cerca de tu Rosita…! Junto a ellos, no lo dudo también está Carmen. Ahora es ella, se ha marchado, quedamos tristes, sumamente heridos, destrozados. Es la muerte el sentimiento más duro, pero creo que es la parte final de la vida. Te lloran tus hijos Alberto, Isabel, Julio Fernando, Yukiko, tus nietos e hijos políticos.

Nos apenamos por la partida, pero nos guiamos por la tradición para consolarnos: ella está en mejor vida, lejos del dolor, de las durezas de este mundo y las incomprensiones naturales de los seres humanos. Que Dios ilumine tu alma.

09/11/10

FITZCARRALD: EL REY DEL CAUCHO

Dicen que Julio César Arana del Águila es un personaje controvertido en la historia del Perú, las razones se han expuesto de manera muy corriente argumentándose que fue un genocida –dicen muchos- o por ser un héroe defensor de la soberanía peruana en los territorios limítrofes con Colombia, dicen los más pocos. Pero siendo así o como sea, en esas rutas vivenciales casi nadie se ha fijado en la trayectoria que en su corta vida tuvo Carlos Fermín Fitzcarrald López, quien dejó una estela también discutida entre aportes sustanciales al conocimiento, ambiciosos proyectos económicos de explotación y muertes de los indígenas que no coincidían en sus pareceres. Ambos están incluidos en los registros de los angurrientos tiempos de las explotaciones caucheras de finales del siglo XIX.

Se dice de Fitzcarrald que fue el más grande cauchero, adjetivo calificativo que puede ser rebatible pero no siendo éste un tema que nos ocupa hoy, ni sus aventuras geográficas en busca de nuevas rutas para comunicarse entre los explotadores del caucho, podríamos decir que en base a la lectura de algunos escritos de quienes siguieron sus pasos se trataría de un hombre de fuertes ambiciones y desmedidas acciones que lo ubican como un caudillo, violento con unos y paternal con otros.

Este hombre fue un dinámico aventurero que extendió y estableció sus dominios en los ríos Ucayali y Madre de Dios. Era sumamente conocido, era una leyenda viva hasta que la muerte lo atrapó el 5 de junio de 1897, fecha aún no fijada ya que hay quienes sostienen que fue el 9 de julio, en un accidente fluvial.

SUS DISCUTIDOS ORIGENES

Murió apenas a los 35 años de edad dejando en el camino una figura de noble héroe y “digno” contribuyente al conocimiento de la geografía amazónica. Consecuencia de esto es que muchas calles llevan su nombre y hasta una provincia de la región Ancash se llama - en su memoria- como él.

Tomando datos de sus biógrafos hacemos un repaso de los orígenes de Carlos Fermín Fitzcarrald López recordando que nació en San Luis de Huari en 1862, en Ancash. Hay quienes aseguran que fue hijo de un marino norteamericano que se vinculó sentimentalmente con una peruana. Aún hay más, realmente Fitzcarrald no se llamaría como lo conocemos sino que su verdadero nombre fue Isaías F. Fitzgerrald. Tuvo que obligarse a cambiar su nombre y los apellidos para que la justicia peruana no lo condenara por haber sido espía chileno en la Guerra del Pacífico. Esta acusación no fue comprobada y corroborada pero esa habría sido la causa que lo llevó a huir a la Amazonía con un nuevo nombre, además que ya había percibido que el caucho se transformaría en la nueva fuente económica, y que sin duda despertará o acentuará más sus astucias en el mundo de los negocios.

Poco después de 1888 ya era conocido como el rey del caucho. En esa sociedad de ricachones de la época, como todos o casi todos los componentes de este grupo de poder económico, envió a sus hijos a estudiar en Paris y se había hecho propietario de nativos de varias naciones indígenas, reavivando el viejo sistema de encomiendas y de pago de tributos, esta vez empleando la especie el caucho.

La figura que se describe de Fitzcarrald es la de un hombre de buen vivir, con elegancia indiscutible “…tenía un estilo que lo acercaba más a un gentleman que a un simple cauchero. Su vapor, el Bermúdez, de 180 toneladas, era célebre por sus características epicúreas” (para los placeres). Esa es la forma como Stefano Varese, lo describe en “La Sal de los Cerros” que es mencionado y descrito en su libro por el periodista y economista peruano Guido Pennano Allison.

VIVIA MEJOR EN LA SELVA QUE EN LA CIUDAD

Dicen que “cada cierto período cambiaba la zona de trabajo: el Pachitea, el Alto Ucayali, zona ésta donde estableció su casa matriz, lujosa y rodeada de delicadas áreas verdes cuidadas por jardineros chinos, el Tambo, el Apurimac, el Urubamba, el Madre de Dios, el Purús. Para poder movilizarse con rapidez de un lugar a otro de su vasto “imperio”, Fitzcarrald y sus dos socios (los barones del caucho Nicolás Suárez, de Bolivia y el español Antonio Vaca Diez) habían organizado una flotilla de botes y habían armado un vapor que podía surcar la mayoría de los ríos de la selva central. En él se podía tomar el mejor vino francés y descansar en cómodos camarotes.”, rememora Ovidio Lagos en su libro “Arana, Rey del Caucho”.

El Bermúdez era un vapor que siempre se mantenía “tan limpio, elegante y arreglado” -tal como relata en sus crónicas un misionero católico que llegó por esos lares en afanes catequísticos –– “que no tuvimos que envidiar nada a los mejores vapores europeos… media hora antes de comer se nos convidó una copa de cocktail y al acercarnos a la mesa, después del segundo toque de campanilla, quedamos todos admirados y complacidos, tanto por el lujo como por el buen orden del servicio y lo variado y exquisito de los manjares y licores…”

La narración de este episodio sigue mostrando un panorama totalmente opuesto a tanta belleza que por dentro se apreciaba. “…afuera del vapor Bermúdez, la situación era distinta. Afuera los colonos “estaban rifando a una muchacha” india o pagaban sus deudas… con una muchacha de buenas formas. Afuera del barco estaba la selva de los indios y sus casas, y cada vez que se tocaba tierra, todos los marinos y “gente de tercera” saltaban… una peste de langostas que no dejaba casa que registrar ni cosa que destruir…y los pasajeros, brincando por los cables (salían) como las hormigas a rebuscar plátanos, yucas, papayas y otras cosas, sin cuidarse del dueño de la chacra que los estaba viendo…” (1)

Sin embargo existen otros relatos sobre ciertas crueldades que en su oportunidad podrán ser expuestas. Fitzcarrald vivió en Iquitos hasta donde llegó con un gran cargamento de caucho. Aquí construyó una casa donde ahora se conservan algunos de sus patrones originales y que actualmente, luego de pasar por varias manos sirve para el funcionamiento de una entidad financiera. La vivienda de Fitzcarrald está en la Plaza de Armas, al lado del edificio que fue el Palacio Municipal iquiteño. En contraste con sus hábitos de generosa elegancia con que navegaba, la residencia de Fitzcarrald en Iquitos carece de las formas y las vanidosas costumbres de los caucheros de la época, ya que su arquitectura semeja en mucho a las viviendas que se construyen en San Martín, Cajamarca o Ayacucho, departamentos donde los lugareños edifican sus casas con tierra (barro) y caña brava, de dos pisos y con cobertura de tejas.

Mientras las otras edificaciones de la época cauchera lucían con las ostentaciones de paredes recubiertas con mayólicas portuguesas (azulejos), balcones con fierro labrado y arquitectura europea. Fitzcarrald vivía de otra manera. Contrajo nupcias con Aurora Velazco, hijastra del comerciante brasileño Manuel Cardozo da Rosa

Eso fue lo que hizo para vivir en Iquitos, sin embargo algo diferente ocurrió en las interioridades de la selva peruana. La casa que mandó edificar en 1892, en la confluencia del Ucayali y el Mishagua tenía otras características. Fue una verdadera mansión, destinada a ser su centro de operaciones, construyeron un edificio de tres pisos y se distribuyeron 25 habitaciones y todo fue en madera de cedro. Jardineros chinos fueron traídos para cuidar el huerto y los jardines, a los que según se dice “entregaban esmerados cuidados”. Poseía un almacén en el que podía encontrarse una gran diversidad de mercancías. Al lado de la propiedad de Fitzcarrald se instalaron otros caucheros y de esa manera formaron un pequeño poblado.

EN EL CINE: LA LEYENDA FITZCARRALDO

Las hazañas de Carlos Fermín Fitzcarrald fueron únicas, su legendaria figura cargada de audacia le llevó a muchas conquistas y su osadía la encaminó a su trágica muerte. Hacia mediados de la década de 1890, el cauchero era mentado con mucho respeto en cada conversación y a todo nivel, fundamentalmente en los ambientes financieros y comerciales de esta Amazonía donde se sentía el borbotear de los negocios y el dinero.

Existe un episodio sorprendente que realmente ocurrió y que fue ponderado en mucho durante el film dirigido para el cine por el alemán Werner Herzog en la película Fitzcarraldo, con las actuaciones estelares de Klaus Kinski y Claudia Cardinale, y en su momento –en un primer intento de la filmación- por Jason Robarts y Mick Jagger. La película fue una especie de biografía de Fitzcarrald donde se recrean escenas de un vapor desarmado que es trasladado por grupos de indios por un varadero (camino poco ancho, ubicado generalmente en medio de la selva que une a dos ríos) para ser armado al llegar al otro río. Ese camino es ahora conocido como el istmo de Fitzcarrald que vincula el río Cashpajali con el Manu y el Madre de Dios.

Se dice que en 1895, mientras navegaba por esas aguas en el vapor “Contamana”, puso a prueba su capacidad logística y quebró distancias enfrentando a la naturaleza para alcanzar esta insólita proeza.

“Pero no se trató de un inmenso vapor sino de una lancha más bien modesta. Su gran momento llegó por esa época, cuando se asoció con dos barones del caucho dueños de riquezas incalculables: Nicolás Suárez, de Bolivia y el español Antonio Vaca Diez, con inmensos territorios caucheros en Brasil. Su descubrimiento, el istmo de Fitzcarrald, fue una suerte de paso estratégico que unió las cuencas de los ríos Ucayali y Madre de Dios, ahorrando recorridos inútiles y costos altísimos. La unión comercial de estos tres hombres fue apabullante. Iniciaron la compra en Inglaterra de una prodigiosa flota fluvial, compuesta por vapores especialmente diseñados para esos ríos y su poder de dominación fue absoluto.” (2)

EL MENSAJE DEL DESCUBRIDOR

Para emprender este derrotero, se dice que se cumplió con un acto de solemnidad, un ceremonial con sus protocolos y con la mirada en la historia que registraba este pasaje de la vida amazónica. Según Ernesto Reyna en su libro Carlos F. Fitzcarrald. El rey del caucho (1942), La Contamana llegó al Mishagua y en junio de ese mismo año emprendió el viaje hacia el istmo. La partida tuvo ribetes de predisposición solemne, pues Fitzcarrald dio un discurso, aparentemente ensayado, desde los balcones de su casa, donde podría ser que haya dicho lo siguiente: "Nos hemos reunido hombres de Europa, Asia y América bajo la bandera de la nación peruana, no para emprender una aventura más, sino para ofrecer a la humanidad el presente de tierras ubérrimas, donde puedan encontrar un nuevo hogar los desheredados del mundo.

Ciudadanos del Centro, del Norte y del Sur del Perú: me acompañáis en la exploración más grande que se ha hecho en las montañas de nuestra Patria en los últimos tiempos; os aseguro que el éxito coronará nuestros esfuerzos y que agregaremos nuevas glorias a nuestra bandera.

Pueblos de los campas y tribus de los cocamas, capanaguas, mayorumas, remos, cashibos, piros y huitotos: os llevo, como un padre bueno y justiciero, a daros el premio de los montes divinales, que se extiende por donde sale el Sol, donde abundante caza os espera; allí os daré pólvora y balas para que vuestras escopetas abatan a las bestias.

Para que llegue el triunfo pronto y seguro, necesitamos trabajar sin descanso. ¡Manos a la obra!".

EL FERROCARRIL DE FITZCARRALD

El cruce del varadero de once kilómetros y medio no se hizo sin problemas con los pobladores nativos. Como se dijo, Fitzcarrald gozaba de gran simpatía entre los campas y piros, no así entre otros grupos étnicos de la zona, como los maschos y huarayos, los cuales intentaron oponerse a su presencia enviándole embajadas de advertencia. El cauchero ordenó entonces algunas "correrías", es decir, expediciones de represalia o exterminio, contra estos nativos, a consecuencia de las cuales murió un número indeterminado de maschos.

El sueño de Fitzcarrald era construir un ferrocarril en todo el tramo del Istmo que lleva su nombre, tanto así que ya se habían emprendido los primeros pasos, el avance se daba cuando el 1 de mayo de 1897 partió desde Iquitos el vapor “Adolfito” con mercadería y los rieles con los que se empezaría el tendido del ferrocarril, pero la fatalidad se interpuso en todo lo planeado. El 9 de julio la nave se dispuso a atravesar uno de los rápidos del Alto Urubamba, en el pasaje conocido como Shepa. Estaban a punto de lograrlo, pero en la maniobra se rompió la cadena del timón y la corriente estrelló el barco contra las rocas. En medio de la confusión, Carlos Fermín Fitzcarrald vio que su socio boliviano Vaca Díez estaba ahogándose y acudió en su auxilio, pero las aguas lo envolvieron. Ambos murieron, sus cuerpos fueron arrastrados por la corriente y aparecieron en la isla Guineal..

La obra de este legendario cauchero ha sido discutida por sus pasos positivos de su camino y así como también por las repercusiones negativas que tuvo entre la población nativa de la selva. Su vida no tuvo la tintura oscura del escándalo que sí alcanzó la trayectoria de Julio César Arana del Águila, pero con sus aventuras Fitzcarrald en procura de amasar dinero y riqueza de todo tipo, sacrificó cientos de vidas. Los que revisaron la historia lo identifican como un caudillo que tenía como única ley el rifle.

Este artículo no pretende mostrar a un Fitzcarrald en el lado negativo de su vida, ni nombrarlo en el afán de quebrar su bien labrado camino de servicio que lo reconocen muchas personas y seguidores de la historia, sino que descubrir pasajes de su vida que muchos podrían desconocer e ilustrar a quienes de forma vaga ubican su nombre entre los notables del Perú.

(1) (2)Arana, Rey del Caucho, Ovidio Lagos. Título original The Devil’s Larder: (“La Despensa del Diablo”). Copyright © Jim Crace, 2001. © 2003, Emecé Editores, S. A.

04/11/10

LOS DESAFÍOS DE CHARLES ZEVALLOS

La situación financiera por la que atraviesan los gobiernos locales en todo el país hace difícil el camino que emprenderán los alcaldes electos. En Loreto la situación no es ajena a esta condición, aquí las asignaciones con que las Municipalidades financian su funcionamiento han sido afectadas seriamente con una disminución progresiva que empalidece las proyecciones en las que se incluyen planes, programas y proyectos de ejecución municipal.

Las autoridades electas deben estar mirando el panorama con mucha preocupación. Ahora mismo, fuera de los porcentajes alcanzados en la votación, en el caso de la provincia de Maynas debe ser seguro que Charles Zevallos Eyzaguirre entiende que le espera un camino muy complicado, algo que debe ser motivo de su mayor atención. Las promesas de campaña deben ser implementadas y en ellas deben invertirse fondos que son cada vez más escasos. Sumados a éstas se encuentran las propias responsabilidades funcionales de la Municipalidad, es decir las actividades que corresponden a la operatividad comunal.

DE ARMAS TOMAR

La figura de la economía municipal en Maynas tiene elementos que no deben ser soslayados, como por ejemplo el canon petrolero que cada vez está más reducido, el Foncomún y los ingresos directamente recaudados se muestran seriamente mermados, a más de las relaciones contractuales (que se deben cumplir sí o sí) que hacen sumamente pesada la cartera de compromisos financieros que se ´heredan´. Todo esto hace pensar que el camino será difícil.

El alcalde electo de Maynas es una persona de ´armas tomar´ que debe ahora fijar su ruta de gobierno con sobriedad, serenidad y mucha responsabilidad. Debe estar consciente que con lo que tiene a la mano no será suficiente, que debe apelar a su capacidad de gestión para obtener recursos económicos más allá de los existentes en la fuente municipal y procurar la cooperación o los acuerdos con otras instancias gubernamentales o con organismos de la actividad privada para construir su mandato con resultados.

Aunque uno de los elementos básicos para ayudar a mejorar la economía municipal se ubica en las interioridades de la propia gestión: mejorar los ingresos propios. Para esto deberán implementarse las acciones necesarias para fortalecer la cobranza de los tributos municipales, medida que debe ser coherente con el mensaje de que los aportes del vecino serán retribuidos en las obras de infraestructura o con servicios de mayor calidad.

Charles Zevallos tiene experiencia en estos menesteres, sabe lo que es hacer obras con poquísimos recursos, conoce lo que es tocar puertas para buscar ayuda financiera para fortalecer su gobierno a favor de su comunidad. Esta no es ocurrencia desde el punto de vista especulativo, sino que resulta del camino andado, de la historia donde no se debe olvidar su paso como alcalde exitoso en el distrito de Punchana a cuya capital (la villa del mismo nombre) la transformó en una de las localidades con mayores cualidades residenciales, merito que alguien o cualquiera–cuán más mezquino que sea- no ha podido ni podrá negar.

CONTRA LA CRIMINALIDAD

Todo esto es un gran desafío que tiene que encarar el alcalde Charles Zevallos. Ganar, relativamente pudo ser más fácil, vencer estos obstáculos es su gran tarea, es el compromiso severo y sumamente fuerte. Este es un tremendo desafío de hacer de Iquitos una ciudad segura, ordenada, limpia, con mayor infraestructura, con presencia social, con rostro humano.

El flamante alcalde deberá enfrentar lo que no se ha podido controlar en la ciudad: el avance de la criminalidad para lo cual debe ir más allá del discurso, comprometerse con resolver la demanda insatisfecha de seguridad ciudadana asumiendo las experiencias de la mano de los conocedores o buscar el canal mediante el cual se pueda obtener conocimientos y prácticas que conduzcan al equilibrio de la afectada seguridad que ha hecho de la capital de Loreto una ciudad de alto riesgo. Esa es una prioridad.

En ese sentido el alcalde debe empoderarse del liderazgo que le corresponde ante el gravísimo problema de la indefensión y criminalidad urbana y armonizar las acciones para ejecutar un contundente plan al frente del Comité de Seguridad Ciudadana para lo cual deberá convocar a las autoridades policiales, judiciales y fiscales para definir un plan de urgencia. Pero no es menos cierto que en esto deberá evaluarse también el marco legal actual, para posibilitar resultados, en lo que será fundamental la coordinación entre los desiguales cuerpos del Serenazgo y de la Policía Nacional, institución clave que depende del Ministerio del Interior y del Poder Ejecutivo.

CHARLES FRENTE AL FUTURO

Charles Zevallos en sus cualidades y su estilo personal de conducir las cosas debe estar ahora revisando sus cuadros profesionales que respondan con capacidad a los actuales momentos en que se agrupan situaciones claras que deben encaminarse: estado económico y financiero, real situación infraestructural, actitudes reales de ordenamiento comercial de la ciudad y el caótico servicio de transporte público, entre los que se encuentran las líneas de ómnibus y los motocarristas.

Charles Zevallos, si bien es cierto durante la campaña se ha mostrado duro, directo y puntual en sus opiniones, ahora luego de los huracanes electorales parece abrir su administración de gobierno hacia una amplia base política para componer un equipo capaz de conducir eficientemente la provincia. Tal es la tónica que debe caracterizar esta nueva gestión, cuyos frutos se verán en los próximos cuatro años, que debe hacer del diálogo, la transparencia y la participación vecinal sus herramientas principales.

Se deben tender puentes. Hay mucha expectativa cifrada en lo que haga el alcalde electo de la capital loretana. Se espera mucho de su capacidad de liderazgo y del cumplimiento de sus ofrecimientos.

01/11/10

MI HIJO… EN "EL RESTO DE SU VIDA"

Soy de los que cree que la fortaleza de un hombre se ubica dentro de su alma inspirada en el éxito. Creo firmemente en eso, en que la victoria es algo más que la circunstancia de un triunfo, pienso que es el resultado de la construcción de una ruta para alcanzar una meta. Quien no piense en victoria, es un hombre sin horizonte, sin fe ni optimismo, es un hombre sin triunfo, es un ser sin alma.

Él era un niño, ya había superado la etapa del gateo pero se enfrentaba a un reto. Regordete, pequeño, ojos vivaces y atrevido, como todos a esa edad sin medidas del peligro, sin temores más que lo nocturno. Debía dar el paso de los pasos, debía caminar y eso era atreverse. Aún cogido de las manos de mamá debía emprender solo hacía los brazos de papá. Osado hizo lo suyo, caminó hacia su meta. Había vencido.

La victoria es una meta alcanzada. Es un tramo corto o largo, de fácil o dificultoso tránsito, de duras o aliviadas carreras. La victoria es el final de una ruta superada con decisión. No hay una victoria que esconda la sonrisa. El triunfo siempre nos da la satisfacción de la auspiciosa llegada a la meta y la extensión horizontal de los labios dibujando en ellos la satisfacción del arribo esperado.

No hay mayor ni mejor ánimo que el surgido de la sinceridad del propio yo o de quien nunca se desligará sentimentalmente de ti. ¡¡¡… Vamos tú puedes mucho más de lo que te imaginas, tienes las fuerzas de quien necesita ganar…!!! Alentaba el padre al pequeño, al niño consciente de que podía vencer. Y el niño con audacia vencía.

Han pasado tantos años y una noche de esas tantas, cargadas de pensamiento envolventes, leí un escrito surgido de las manos de mi hijo que me emocionó enormemente. Estaba lleno de entusiasmo irreversible, de fe, de esperanzas labradas en el mejor sentido de la grandeza. Quise entender en su mensaje un arraigo cargado de optimismo, de fe grandiosa, de una voluntad a prueba de vientos y huracanes, de sobreposición contra la corriente. Con la fuerza de su juventud habría inspirado sus palabras con la fortaleza que Dios le da para decir que “Hoy comienza el resto de mi vida, nada me detendrá…”; airoso y auspicioso, despreciando las dificultades y con alma de verdugo de los obstáculos.

Por mi mente corren cual películas de dramas del cine de Hollywod, las imágenes de mi hijo aún niño, vestido de color azul marino o de naranja corriendo detrás del balón en esos campeonatos infantiles llamados Pelota de Trapo. O quizá los momentos en que ya adolescente brillaba junto a otros de su edad en campeonatos de fútbol, conmigo alentándolo al lado de mamá para ganar y solamente al uso del estribillo del “vencer, sólo vencer”.

Me embriaga ese espíritu que me parece ser el mismo del adolescente que alenté cuando hacía deporte enfundado con su ropa de fútbol escolar. Más pequeño que todos pero grande en asimilación, impuso su fe en sí mismo, dejando entre las patas de la cama la flojera de cuerpo y alma, se propuso ingresar a la selección de los mejores y dentro de ellos ser el número uno. Meta que él se propuso alcanzar y lo hizo en base a inteligencia, dedicación y suma responsabilidad. Más tarde su presencia le dio la razón premiando sus propios esfuerzos.

Ánimo, creencia y fortaleza es comenzar “el resto de la vida” que nos queda, para que el joven se sobreponga a las dificultades y ante cada situación de adversidad configurar en su mente el triunfo. Una mente sin inspiración ganadora es un corredor trabado en sus propias piernas.

“Nada me detendrá”. Explica que el hombre se sobrepone a cualquier adversidad. Hace que su alma se inspire en fuerzas propias y se proponga alcanzar el destino que él mismo se ha obligado.

Hubiese preferido que mi hijo fuese eternamente niño, que corra conmigo, que salte a mi lado, que mantenga su inocencia como blanca nube, tal como vino al mundo. Que su camino sea una alfombra de flores y que viva al margen de los conflictos en que nos envolvemos los seres humanos. Pero tanta belleza no puede ser posible, la vida no es así, está hecha de otra manera. La vida nos señala ese destino, me pasó a mí y también le pasará al hijo de mi hijo.

La vida es joven, él tiene la juventud que lo aleja del triste concepto conclusionista de que el “resto de la vida” es una ruta corta, de corto trecho. Es pronto para pensar en “el resto” como parte final, pero es vigente y actual, siempre actual de que nada le detendrá, será grande, muy grande cuando se decida, por él y por lo que ama.