31/8/07

CNI ERES EL FUTBOL

Dicen que los periodistas deportivos por un asomo mínimo de ética, no deben expresarse como hinchas de ningún equipo, que al hacerlo estarían poniendo a un lado la justa balanza de la equidad y la objetividad al expresar una opinión que el lector, oyente y televidente desea que esté bajo la luz de la imparcialidad. Pero esta vez sin recurrir a este principio ético de lo neutral, me atrevo a lanzar mi palabra sobre Colegio Nacional Iquitos (CNI), el querido y gran equipo albo de la Amazonía.

Para cualquiera, la condición emblemática y popularidad del CNI no se discute, por el contrario es materia de confirmación y añoranza, es asunto de los mejores recuerdos y los más fuertes deseos de verlo jugando entre los mejores del país. En medio de esa mediocridad, diría algún ácido crítico deportivo o futbolero, pero sea como sea es el CNI que aspiramos y donde quisiéramos que esté. Escribo esto con el mejor deseo de soltar lo que tengo reprimido en el profundo de mi ser.

Está por terminar su participación en la departamental de la Copa Perú, ha pasado una serie de obstáculos para llegar hasta donde está. En Yurimaguas casi pierde el primer partido, goleó en la segunda confrontación y a duras penas, mordiendo los dientes, ganó su tercer compromiso que por bendición ajena logró clasificar (por que otro equipo no supo ganar al más débil). Esta vez, está frente a una fase que jugándose en Iquitos -se espera- pueda superar mejorando su actuación y procurando reverdecer viejos triunfos.

CNI es toda una institución, debe ser más que un equipo de fútbol, que ahora compite de igual a igual con la UNAP, por la hegemonía del balompié en Loreto. Se ha hecho clásico más que por afinidad organizacional por fuerzas símiles. Hay cuentas por saldar entre ellos, de goleadas endilgadas mutuamente en pasadas eliminatorias y una más cara que es por recuperar el campeonato de la región Loreto.

Decir que CNI es una gran institución, que algunos llegaron de manera mezquina a clasificarlo como patrimonio de Loreto, es cierto, hasta lo definiría en mejor nivel y condición futbolística que la UNAP, es por lo mismo que surge necesaria la búsqueda de lo ideal, del momento de su real recuperación que ahora mismo parece alejada por la tan pálida trayectoria en la primera fase de esta etapa jugada en Yurimaguas, que es desde mi punto de vista un tramo para olvidar, es una fase donde se dieron resultados para obviar en la historia.

El sentimiento que me embarga en estos momentos no es el mismo de un periodista deportivo - como debe ser-, ajeno a las preferencias de casaquillas, colores y banderas, por que me acuso albo de vivencias. Soy el que quiso alguna vez revisar más de la historia “colegial”, escribir su trayectoria, perennizándola en las páginas de algún libro, el mismo que simplemente como consuelo hace unas horas -nada más- en Wikipedia, la gran enciclopedia mundial de Internet, agregué algunos conceptos de la historia de CNI, que se habían escapado a algún buen hincha de la institución “alba” que efectuó tan valioso aporte abriendo el surco de su conocimiento en todo el Mundo.

CNI es la expresión del fútbol, de los buenos resultados, de los emotivos triunfos en los 7 años primeros de la Copa Perú, hasta que la Asociación Nacional de Fútbol lo invitó junto al José Gálvez de Chimbote y el Cienciano del Cusco a la primera del fútbol nacional. Los “colegiales” son nuestras hurras, aunque apáticos (pero así somos), durante los partidos del descentralizado entre 1973 y 1992, son nuestro sufrimiento desde el 93 y hasta la fecha.

Todos o casi todos, quisiéramos que Santiago Cárdenas, el actual presidente de CNI levante la Copa Perú, no importa dónde sea, no interesa el estadio ni la ciudad, para colmar de satisfacción tantas frustraciones reunidas a lo largo de muchos años fallidos. Es una tarea –también- de un grupo de jugadores que tiene la gran responsabilidad de sudar la casaquilla haciendo mejor las cosas y con entrega de amor a esa gloriosa blanca que llevan en el pecho
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30/8/07

BUROCRATAS Y DINOSAURIOS

En la sociedad del mundo, el Estado tiene una maquinaria de servicio a favor de su colectividad. En el Perú, como seguramente en otros países esa maquinaria no es productiva y sus componentes son casi siempre llamados deficientes. Esta maquinaria, a la que comúnmente más conocemos como burocracia, es la administradora de los recursos del Estado. Antes teníamos empresas en manos estatales, y la mayoría, sino todas, eran improductivas y eran una especie de agencias de empleos de los gobiernos de turno, salvo honrosas excepciones que confirman la regla.

Alguien me comentaba que la empleocracia pública en Uruguay estaba en manos de personas añejas; lo mismo sucedía en otros países de América del Sur. En nuestro país y particularmente en las ciudades más importantes de la selva peruana, hay un alto porcentaje de personas que tiene una “gran aspiración”: trabajar en el sector público. Entiéndase por el sector público las instituciones gubernamentales como las municipalidades provinciales o distritales, gobierno regional, organismos desconcentrados (direcciones regionales de los ministerios nacionales). Por qué. La pregunta se responde sola: la necesidad de chambear y asegurar los frijoles de manera regular y sostenida.

Lo cierto en todo esto es que no basta con ser empleados públicos y recibir un sueldo, trabaje o no, parando o huelgueando; sino estar capacitados para ejercer la responsabilidad de ser servidores del Estado peruano, de saber responder con trabajo y buen servicio a todos que llegan para ser atendidos por el organismo estatal, minimamente por que deben cumplir su misión y corresponder con calidad al contribuyente (que somos todos) que es el que con sus aportes fiscales y otras obligaciones tributarias sostiene el Estado.

La realidad del concepto sobre el empleado público, de la gran mayoría de ellos, es muy cruda y dolorosa. Hay tanta incapacidad que desespera. El empleado público es, lamentablemente, un segmento amplio en nuestra sociedad económica nacional en el que se tropieza el desarrollo en su afán de crecimiento. Aunque este concepto no es generalizado pero si muy extendido.

Lo que está más marcado en el desarrollo socio-económico del país son los sectores público (estatal) y privado, este último conformado por los demás, entre los que se encuentran los organismos que no pertenece al Estado, que tiene un papel fundamental en el desarrollo del país, ya que es el sector aportante a través de impuestos y obligaciones tributarias. Inclusive el humilde vendedor ambulante pertenece al sector privado ya que no recibe un cobre estatal, y quizá sin querer o sin darse cuenta, aporta al Estado peruano que se expresa en todos sus estamentos gubernamentales (Ejecutivo, Congreso de la República, Poder Judicial, Gobiernos Regionales y Municipalidades).

En este comentario, quizá pueda transmitir una sensación de Don Pésimo, pero no es así, quizá ese sentimiento –el que estoy expresando- corresponda o coincida con el de un amplio sector de la ciudadanía peruana. Ante una ventanilla de un Ministerio en Lima, fui testigo de un canje de conceptos sobre los organismos públicos. Un usuario de mediana edad alcanzó a reprochar en voz alta la desdeñante atención del empleado de la ventanilla de informes y de otras tantas de la administración pública y al instante, de entre la misma cola, una voz serena que correspondía a un hombre de cabello cano y con años mayores comentó que si bien la atención en los organismos públicos no es buena pero si es cada vez menos mala que siempre.

Lo expresado por el ciudadano de mayor edad, demuestra de alguna manera que el modernismo ha ido mejorando la calidad del servicio, la tecnología y los cyber adelantos y la sistematización de la información han jugado un papel importante en eso, con la participación de algunos criteriosos y mejor capacitados empleados de los organismos públicos.

Ojalá que cada vez sea menos la empleocracia en la estructura del Estado, que para ser mejor necesita reducir su ampulosidad y su volumen vegetativo de personal. El Estado necesita ser más pequeño para ser más eficiente. La era de los dinosaurios ya terminó, estos son los tiempos de la tecnología y en que los humanos deben conducir cerebralmente las instituciones. Esta es la era de la alta competencia, de la eficiencia y del profesionalismo que si se da en los organismos del Estado, los beneficiados seremos todos y el Perú.

El empleado público debe conocer que su labor se sostiene en el servicio en nombre del Estado, de la Nación y que su rol es cada día histórico, por que es el complemento de otros que desde el sector privado construyen el país. El sector privado, que somos todos, requiere de mejores atenciones de parte de los organismos públicos, y no el sufrimiento que encara cada vez que llega a los predios públicos para enfrentar los engorrosos trámites, la petulancia burocrática y otras taras que deben ser depuestas por el bien del país.

Todo empleado público está al servicio de la Nación, en tal razón tiene el deber de supeditar el interés particular al interés común y a los deberes y obligaciones del servicio, tal como lo señala la ley.

28/8/07

SORDOS, LOCOS Y QUIJOTES

La necesidad de que nos curemos contra la contaminación sonora en Iquitos, puede desatar otra “guerra” contra los llamados sectores “generadores” de tanto ruido innecesario que hace de nuestra querida capital loretana una de las más ruidosas del país, sino la número uno en este increíble Perú y una de las más sonoras del Mundo.

Si el “Plan Zanahoria” trajo consigo una batahola en medio de sectores empresariales vinculados con la diversión nocturna y el alcohol, que poca relación tienen con el turismo, suponemos que medidas de control sobre los ruidos generados por personas o máquinas conducidas por humanos levantará un terremoto de pasiones y enfrentamientos entre los mortales que habitan Iquitos. No por nada, sino por los intereses personales que esto contiene.

Efrocina Gonzáles, Gino Ceccarelli, José Álvarez Alonso y otros notables hombres y mujeres desde hace tiempo luchan como quijotes por acallar o por lo menos hacer bajar la potencia sonora sobrante de nuestra ciudad. Han creado una organización no gubernamental que busca apoyo en las instituciones del Estado, competentes con el ordenamiento ambiental, para que se pare el desenfreno de quienes idiotizados pretenden estupidizarnos con tanto ruido proveniente de motos, motocarros, alto parlantes, discotecas, bares bullangueros, locales de baile, etc.; pero hasta donde sé, todos se hacen o se han vuelto sordos de verdad.

Podrán ellos (los guerreros contra el ruido) enrostrarme que yo también fui uno de ellos, que estando del lado de los funcionarios de Gobierno Regional y habiendo escuchado sus argumentos poco o nada se hizo para contribuir con el triunfo en esta batalla. En cambio debo confesar mi impotencia por lograr algo para sujetar a favor de esa interesante e importante corriente, ya que infelizmente –entonces- nadie desde ese lado (de las instancias gubernamentales) ha hecho carne de este elemento que es fundamental en el desarrollo turístico de las ciudades, la salud orgánica y psíquica de sus pobladores. Fui al igual que ellos, un quijote pero desde otra ubicación.

Acallar los ruidos que sobran, ordenar la ciudad, establecer horarios para la comercialización de bebidas alcohólicas, velar por la salud ambiental y orgánica de los vecinos es una tarea –entre otras- que forma parte de las competencias municipales. Y me parece que ha hecho bien el alcalde Salomón Abensur Díaz, en lanzar su campaña “Zanahoria” para iniciar el ordenamiento en la ciudad. Pero esta me parece que solamente debe ser el principio, no debe dar pasos atrás y seguir cuesta arriba. Parafraseando el título fílmico, el alcalde debe saber que en esta lucha la consigna de combate es “retroceder nunca, rendirse jamás”.

Recientemente, con beneplácito pude leer la noticia que la Municipalidad de Lince, en Lima continúa en el ordenamiento de su distrito. Desde hace mucho en ese lugar no se bebe en sus calles, no se vende licor a cualquier hora, hay normas de salud ambiental que son mejor vistas por sus vecinos. Ahora anuncia su reiterada lucha contra los ruidos y reglamenta su emisión castigando severamente a quienes se sobrepasen los límites estipulados.

La Municipalidad de Lince multará con 690 soles a quienes produzcan ruidos y/o vibraciones nocivas o molestas que excedan los límites permitidos, según el área y horario correspondientes. La reincidencia en esta falta se multará con 1.380 soles, así como el decomiso del artefacto emisor del ruido. Según una ordenanza publicada en el diario oficial "El Peruano", se señala que “los límites de emisión de ruido establecidos son, en la zona residencial, de 60 decibeles en horario diurno (de 07:01 a 22:00 horas) y de 50 decibeles en el horario nocturno (de 22:01 a 07:00 horas). En la zona comercial los límites permitidos son de 70 decibeles en el horario diurno y de 60 decibeles en el nocturno; mientras que en la zona industrial de 80 decibeles en el horario diurno y de 60 decibeles en el nocturno”. Finalmente, “en la zona de protección especial, de alta sensibilidad acústica donde se ubican hospitales, centros educativos, orfanatos y asilos para ancianos, el límite en el horario diurno es de 50 decibeles, mientras que en el nocturno es de 40 decibeles”. Estas son decisiones inteligentes, pensando en el ser humano, fin supremo de los gobiernos, en este caso de uno de nivel local.

Esta es una medida adoptada de forma razonable y responsable que merece ser apreciada como corresponde, con admiración. Su aplicación en otras latitudes del país es una acción valida, aunque cause dolor en los que generen estos ruidos, que en Iquitos son infernales. Basta detenerse en cualquier lugar de nuestra ciudad para darse cuenta que no mentimos. No importa la hora para efectuar la evaluación sonora. Mercados, el centro de Iquitos, áreas hospitalarias como Cornejo Portugal, avenida La Marina, avenida 28 de Julio y otras son infiernos de bulla. Nadie parece detener tanto bullicioso montado en motocarros, motocicletas, automóviles viejos con escape liberado, locales comerciales, vehículos de publicidad rodante. Todo nos lleva a la esquizofrenia. La selva iquiteña no será así – jamás- una pascana atractiva para ningún tipo de turismo. Solamente podríamos ser el destino a la locura sonora.

Por eso que ahora los efrocinas, pepes, ginos y otros quijotes en su fantástica lucha por la reivindicación de la paz sonora, creo que tienen buenos referentes allí cerquita en Lima, en el distrito de Lince, y un buen refuerzo en el alcalde Shaluco Abensur y su equipo “zanahoria”.

27/8/07

HAY QUE SER ZANAHORIAS… PUÉS

La aplicación de medidas que contiene el “Plan Zanahoria”, contribuirá en el reforzamiento de las tareas de Seguridad Ciudadana. No hay nada más cierto que lo que choque con el bolsillo de los jeques de la noche y la diversión, despierta una reacción (y qué tal reacción) de los “afectados”, y es eso lo que ha sentido en piel propia el alcalde de Iquitos, Salomón Abensur Díaz.

Shaluco parece escuchar y transformar sus experiencias obtenidas en terrenos extraños en valiosas aplicaciones a nuestra realidad. Es decir lo mejor que haya visto en otras ciudades busca aplicar en nuestro trasnochador Iquitos, a través de medidas que mejoren la salud social de Maynas. Eso es lo que parece significar el “Plan Zanahoria”.

Fuera de nuestros feudos, Iquitos goza de una fama de ciudad divertina, jaranera, de regados y abiertos senderos de alcohol, farra, mujeres sinceras ( y hombres igual). Esta fama sonroja, es poco grata y nada edificante. Es que hay un porcentaje importante de visitantes que llegan a Iquitos en busca de diversión “hasta las últimas consecuencias”.

Esta medida, la normada por el alcalde Shaluco Abensur, lo que hace es ponernos un poco la camisa de fuerza en la costumbre del desvelo, desenfreno y alcohol (alguien negará los hábitos de bailar casi generalmente incentivados por los tragos?). “Si no hay trago, no bailo”, decimos en buen loretano. Y no miento, por que el pasado sábado (o más exactamente el domingo en la madrugada) en la plaza de Armas un grupo de desubicados protestó dizqué de forma tan vulgar que nos llenaron de vergüenza ajena, exigiendo acabar con la “zanahoria”, y luego otro grupo similar trató de amedrentar el hogar del alcalde y su señora madre con amenazas. No pues, así no jugamos en Iquitos. Nada entre tragos es bueno, solo es fantasía, es la censura dormida y el libertinaje de los instintos.

Las payasadas surgen al no prosperar los argumentos que se oponen al "Plan Zanahoria". Lo que sucede es que lo subrepticio, lo subterráneo es utilizado para presionar a la autoridad municipal y su equipo de gobierno, seguramente alentado por intereses económicos de los aparentemente perjudicados. Para divertirse no hay necesidad de amanecerse en las calles o quedarse tirado en el suelo por estar demasiado embriagados. Iquitos debe mantener el respeto de una ciudad de hombres y mujeres dignos, de una sociedad divertida pero con límites, como tantas otras que hay en el país, pero con una Seguridad Ciudadana eficiente que para que esto se dé, deben aplicarse normas inteligentes y modernas en la urbe que sean factores que se sumen a una serie de medidas que faciliten el ordenamiento. Con limitado alcohol, con menos fiesta, nos ordenaremos más fácilmente. Inclusive en la economía.

Respeto a los demás es una norma que se debe privilegiar. Uno de los fines que persigue un gobierno local, y en este caso el iquiteño, es proporcionarle al vecino el bienestar derivado de la salud ambiental y física. Vecinos enfermos por la contaminación sonora y afectados por el irrespeto de ebrios por las calles de la ciudad, dice poco de la calidad de una ciudad. Bien hace el alcalde Salomón Abensur en darle a su ciudad mejores condiciones de vida, similares a otras urbes del país, más adelantadas donde el alcohol y las fiestas “sociales”, no van más allá de una hora moderada.

Alguien diría por ahí que este mi comentariose lee muy cursi. Nada de eso. Lo que me parece que lo que hace Shaluco no es nada nuevo en el mundo, es algo que debió darse más temprano que tarde, y mejor que sea hoy. Inicialmente podrá incomodar, pero después, para bien, se hará costumbre. Es que nos hemos olvidado los iquiteños, que en la década pasada las fiestas por mandato municipal terminaban a las dos de la madrugada?. Entonces, los iquiteños eran menos divertidos?. Perdimos nuestros atractivos como ciudad?. Ya pues dejen de estar poniendo obstáculos a una medida que nos elevará en los niveles de conducta cívica y nos hará ciudadanos más zanahorias.

Dónde han quedado las licencias especiales que daban las municipalidades?. Éstas obligaban a los bares y restaurantes a trabajar hasta ciertas horas y después, a cerrar. Es cuestión de orden y lo que hace Shaluco es ordenar la ciudad. Hace mal por que nos frena en el desorden?. No. Es una lucha difícil donde no debe descansar, así no guste a los menos, pero seguramente que satisface a los más. Es una buena forma de fortalecer la imagen turística de Iquitos.

En esta tarea los medios de comunicación deben ser fundamentales contribuyentes. Aquí no es que se trate de una medida ordenada por la Municipalidad a la que hay que pasarle primero la facturita por “imagen” y “después apoyamos”. Nada de eso. Los medios de comunicación tienen una responsabilidad histórica en la sociedad, de orientar y educar cívicamente, así afecte nuestros intereses económicos. Deben hacer carne de un tema que sirve a los vecinos para vivir mejor y “zanahorias”.

16/8/07

ASI VIVI:TEMBLORES, TERREMOTO, MUERTE Y DESOLACION

La experiencia vivida al final del día 15 de agosto, fue muy especial y no por eso buena. Nunca antes había experimentado una circunstancia de estas características. Obviamente fue mucho menos la emoción que la dolorosa vivencia de los pobladores de lugares donde se perdió todo, hasta la misma vida, pero lo que viví es algo singular. Dos terremotos en cuestión de minutos, menos mal sin las lamentables perdidas humanas en mi entorno, lo que si se dieron en el Sur del país.

El sismo se inició a las 6.41 minutos de la tarde. Me encontraba frente a mi computador, cuando el suelo comenzó a vibrar. Inicialmente pensé que se trataba del paso cercano de un vehiculo con mucho peso, pero no. Se me ocurrió lo que sería algo peor, un temblor. Esperando que pasase rápido, como tantos otros, dejé seguir. La circunstancia, es decir la prolongación del evento me obligó a correr hacia fuera del departamento donde vivo en la ciudad de Lima, en el distrito de La Molina, conocido por su composición topográfica que es muy sísmica y donde las viviendas son construidas para enfrentar estos fenómenos; aquí ninguna edificación -por mandato técnico- debe elevarse más allá de los tres pisos.

Todo se movía, algo así como describe esa canción tan sonada del rock en español de los “Arena Hash” y que bien se titula “Cuando la cama me da vueltas”. La seguridad de acuerdo a lo leído, estudiado e instruido por Defensa Civil, en ese momento debía estar en el centro de la calle. Juntos nos encontramos allí casi sin sentirlo muchas personas, vecinos a quienes ni siquiera había logrado conocer o con quienes ni siquiera se coincide alguna vez. Pero, estar allí no garantizaba nada, debido a lo que mis ojos veían y mis oídos escuchaban. Podría desplomarse el edificio, abrirse la pista, precipitarse las redes eléctricas aéreas y tantas tragedias que la mente fábrica en ese momento, con desagradables ingredientes pro-pánico que fueron un chau de la energía eléctrica y una orquesta de sonidos crujientes en todos los tonos y provenientes de todos los lados. Era una tarde-noche de miércoles, con frío, miedo y ululares de sirenas de alerta. Donde me encontraba, nadie entró en el horroroso pánico, pero también nadie discute que si ese horror lo vivieron en otras partes.

Fueron más de 2 minutos, calculé unos 2 minutos 20 segundos y más tarde las noticias oficiales darían la razón a mis cálculos de la duración del remezón. Estaba sereno, pero nervioso. Dirigí con calma la evacuación y hasta intenté comunicarme con mis seres queridos usando los equipos celulares que tenía cerca, pero fue imposible ya que con esas líneas no tenía ninguna posibilidad por que las comunicaciones con teléfonos fijos y móviles colapsaron inmisericordemente. Que pena por tanta pobreza en momentos en que necesitamos mucho más para obtener la tranquilidad sustraída por la naturaleza. Al poco rato se calmó el movimiento y busqué el fono fijo pero la línea estaba muerta.

La inquietud y el nerviosismo se acentuaron en todo el mundo. La causa: la colapsada comunicación satelital por teléfono. Mi hija no estaba conmigo, caminaba a estudiar y comunicarme con ella fue un milagro que agradezco a Dios, lo que calmó mi preocupación. Pero cuántos miles de personas no tuvieron mi suerte? Los que estaban fuera de casa desesperaron al no saber qué y cómo quedaron sus familiares en sus domicilios después del sismo, por lo que el caos se acentuó. Autos que corrían desesperados, semáforos que no funcionaban porque la energía eléctrica se cortó en las avenidas principales de la gran Lima, apagones en amplios sectores y distritos limeños, algunos deslizamientos de tierra y rajaduras en las carreteras, suspensión de vuelos desde el aeropuerto Jorge Chávez donde algunas columnas del terminal se agrietaron, edificios en igual condición, zonas antiguas con viviendas y construcciones de oficinas en serio riesgo de caer. Todo esto junto dio inicio al caos y el cambio de la vida y el arribo a la muerte en tan sólo un par de segundos. Increíble, pero cierto.

Me quedé sin energía eléctrica, solamente una linterna y la calle como salón para seguir los detalles a través de un radio a transistores. A poco tiempo, me dieron puerta a la comunicación para informar a la población de Iquitos de lo que sucedía en la costa peruana, a través de la sintonizada Radio Arpegio y alcanzarle una primicia que oficialmente se daba y que la tomaba en el instante de su transmisión:
“El Instituto Geofísico del Perú anuncia que el epicentro está localizado a 60 kilómetros de Ica y a 47 kilómetros en el mar frente a la sureña ciudad de Chincha y la intensidad es de 7.5 grados en la escala de Richter”.

Lo que sigue ya es materia conocida, triste noticia, destrucción, despliegue de esfuerzos de todos pero insuficientes como ayuda, Ica, Pisco y Chincha destruídos, sin agua, luz y teléfono; cadáveres en las plazas y parques que sirven de morgue y que pronto se acercarán al medio millar y más de mil heridos que son atendidos con lo que se tiene y donde se puede.

En mí todo esto fue experiencia única, un movimiento demasiado fuerte para lo que conocía hasta ayer sobre este tipo de sismos. Ya son más de 400 réplicas y dicen los científicos que esto seguirá hasta sabe Dios cuándo. Me queda lo duro de lo vivido y un nudo en la garganta por la tremenda tristeza que espero pronto se desate en calma y resignación.

5/8/07

IPD: A ANDRÉS LO QUE ES DE ANDRÉS

El reciente cambio producido en la dirección del IPD en Loreto ha creado indebidamente una especie de fiesta en quien o quienes han seguido una campaña de desacreditación de la figura y el prestigio bien ganado de Andrés Ferreira Macedo. Inmerecida actitud ante la dedicación y el servicio del dirigente que por muchos años ha ido demostrando que con simpatía, profesionalismo y honestidad se puede servir a la sociedad.

Tengo los argumentos necesarios y la experiencia más que suficiente para poder hablar del deporte en la Amazonía, lo que me da la suficiente autoridad para opinar sobre la trayectoria del IPD y lo que hizo Andrés a lo largo de esta institución que por lo menos en los últimos años ha logrado avances sustantivos en la permanente ruta de ordenar la actividad deportiva.

Han pasado por el sillón que hoy ocupa el célebre futbolista Marcial Salazar Orbe, muchos hombres que han dejado también muchísimo tiempo de sus vidas y que unos más que otros han mejorado la condición de la infraestructura y la organización deportiva en Loreto. Desde los años que recuerdo en los que estaban Demóstenes Álvarez Vásquez, Gilberto Alván Acosta, Róger López Vásquez, Pastor Paredes Salazar, Raúl Orbe Sánchez, Felipe Valera Rivas y uno que otro que no recuerdo hasta llegar a Andrés Ferreira.

Los ex presidentes o jefes del IPD han servido a la sociedad, de alguna manera eficientemente en medio de sus limitaciones económicas y de experiencia, pero ninguno de ellos podría ser cuestionado por lo que hizo o dejo de hacer. Nada ilegal que cuestionar ni acusar, al contrario todos ellos merecen el mayor reconocimiento desde los que no están entre nosotros y que desde hace mucho están gozando de la paz eterna, y hasta por su puesto los que sobreviven para conocer la satisfacción que causa el avance de nuestro deporte.

Recuerdo las intenciones de unos de ofrecer cambios entre las organizaciones deportivas, en la misma infraestructura procurando su mejoría, capacitando dirigentes, popularizando la actividad deportiva hasta su masificación, uno que otro pintando de política la recreación y el deporte. Todos ellos bien intencionados y hasta donde yo pude ver, ya que estuve cerca, sin deseos de lucro particulares.

Andrés Ferreira, no puede ser cuestionado por malos manejos, criticado tal vez por lo lógico y natural de no haber podido hacer todo lo que hubiese querido hacer o lo que deseamos haya podido hacer y no lo hizo. Es propio de los habitantes de este mundo que no se logra alimentar el contento de todos. Que lindo sería llegar a ese ideal, que nos llenaría de regocijo. Pero es muy difícil por no decir imposible alcanzar ese ideal.

Algunas medidas tomadas desde la administración Ferreira pudieron no ser entendidas ni haber logrado satisfacer a todas las personas, pero es así. Hay medidas que se toman, pueden parecer duras pero forman parte de la política administrativa de una institución y el ser personal del conductor, en este caso el presidente de la institución. Al final será el mismo Andrés el que podrá dar cuenta de lo manejado en la cosa pública, en lo que supongo no hay problemas.

Muy pocos quieren reconocer los logros de los demás. Es el egoísmo y la mezquindad innata de los seres humanos. A Andrés le debemos mucho. A Andrés Ferreira se le debe el reconocimiento por haberle quitado tiempo a sus asuntos particulares para entregarlos a la gestión pública en el afán de crear conciencia en las autoridades políticas de turno para tomar la decisión de demoler el pasado del fútbol expresado entonces en el viejo Max y levantar una de las más bellas construcciones deportivas de América que es el Estadio Max Augustín. Sería estúpido desconocer esta gesta del joven empresario y dirigente deportivo.

Desconocer que Andrés contribuyó en el ordenamiento de la actividad deportiva y generó estructuración dentro de una institución que con sus escasos recursos económicos tiene que hacer magia para responder sus obligaciones económicas de toda índole, es por demás necio.

Ahora Marcial Salazar Orbe recibe un IPD más organizado, con mejor infraestructura y con mayores responsabilidades ante la sociedad deportiva loretana. Ser mejores, es siempre una meta lógica sobre la que debe trabajar el ex entrenador de CNI, correcto ex futbolista profesional de Hungaritos, del mismo equipo “albo”, Municipal, Universitario, Alianza Lima y otros notables equipos nacionales. Interesante, no?. Pedimos lo correcto ser mejor que el anterior, y en este caso esa es una tarea muy difícil.

Por eso, con esa simpleza de las demostraciones saludo el trabajo dejado por Andrés Ferreira y deploro los comentarios infundiosos de algunas personas, dedicadas a la destrucción de las honras de quienes se han elevado en sus valores para servir mejor a nuestra sociedad. Los avances están ahí, ante los ojos de propios y extraños. Y en este caso no nos queda otra cosa que valorar a Andrés en toda su dimensión tomando las palabras bíblicas “por sus obras los reconocereis…”, esa es la grandeza de su terquedad por servir a nuestro Loreto.

3/8/07

LAS REFLEXIONES DE ENRIQUE RODRIGUEZ SOBRE LA ERA DEL CAUCHO

Enrique Rodríguez Morales es para mi uno de los cerebros más valiosos que tiene Loreto y la Amazonía, que por cuestiones circunstanciales, el trabajo de su padre un notable loretano, nació en Lima. A pesar de esas circunstancias el buen kike, se desplazó por otras tierras en su formación y hasta hacia lejanas tierras extranjeras del Viejo y Nuevo Mundo, se forjó en conocimientos que a la corta y a la larga le sirven a las tierras cubiertas de verde del Perú.

Y es Enrique Rodríguez, el limeño- loretano, que decidió invertir su capital en Iquitos apostando por el turismo, nuestra cultura, historia y realidad amazónicos. Y es precisamente en este trance de situaciones que nos acomodamos, un día de esos que marcaba el final del año pasado y el principio de este para reflexionar sobre lo que fue el caucho y su decidida “intromisión” en la vida de los peruanos de esta parte del país.

Entonces hablamos sobre la necesidad de reverdecer el proyecto de recuperar la calle del Oro o la Vía del Caucho, de hacerla peatonal y convenir con el vecindario de la calle Raymondi, desde la plaza de Armas iquiteña hasta la plaza Castilla, para que acondicionen sus casas a la usanza de la pomposa época del caucho. Tomando la célebre oración de que “soñar no cuesta nada”, Enrique y yo quebrábamos la seriedad de nuestra conversación para referirnos al poco interés de nuestras autoridades por fijarse en proyectos turísticos urbanos que le den a Iquitos el interés que debe tener el visitante. Para que esta ciudad sea más que una parada en el tránsito a la selva y sus albergues.

Finalmente Kike Rodríguez, tras tantas palabras, inspiró unos párrafos que hoy hago más público que de costumbre y que él mismo lo pone más visible en un banner de colores, que son semejantes a los gráficos de la época del boom shiringuero, para saludar a sus visitantes en su ya famosa “Taberna del Cauchero” de Iquitos. Aquí podrán leer lo que es un pensamiento, que me parece bien ubicado sobre esos viejos tiempos.

“Al iniciarse la explotación del caucho, hacia 1885, Iquitos se convierte en el centro de gravedad de la economía mundial. La shiringa nos hace parte de la cadena productiva de la industria automotriz en expansión. Henry Ford fabricaba los autos, Loreto le ponía las llantas de caucho.

Diseñada por un arquitecto francés, Iquitos es una ciudad europea del siglo XIX, con 108 monumentos y una arquitectura urbana futurista. El Malecón Tarapacá, sus amplias calles, las instalaciones portuarias, el tren urbano, la factoría, el desarrollo industrial son el reflejo de una visión exitosa de una clase empresarial moderna y revolucionaria que vivió en medio de una gran efervescencia política y cultural.

Iquitos es una ciudad cauchera con alma y personalidad. Su carácter cosmopolita y su fisonomía urbana, son el resultado de un proceso de sincretismo cultural armónico, entre la cosmovisión amazónica y el aporte de la migración extranjera.

La era del caucho sobrevive en el imaginario social amazónico como una etapa de éxito y progreso. No se trata pues de añorar el pasado, sino de fortalecer una visión de desarrollo a partir de nuestra historia.

Iquitos es el centro de gravedad geopolítica de Sudamérica. El pasado nos debe servir para proyectarnos hacia el futuro asumiendo un papel protagónico en el proceso de globalización que vive el mundo.” Enrique Rodríguez Morales

2/8/07

EL CAUCHO, IQUITOS Y LA AMAZONIA

Una de aquellas tardes de tertulia, apoyados sobre la baranda mayor de la placita Ramón Castilla, y mirando el Amazonas desplegamos nuestra imaginación, Enrique Rodríguez Morales y yo. Ambos periodistas, en medio de ilusos proyectos que desbordamos en nuestras palabras, discutimos sobre la preponderancia en el desarrollo de Iquitos como consecuencia de la bonanza de los años caucheros. Fue una charla principiante de tantas que se extendieron por horas para ubicarnos en esos años de los siglos XIX y XX, nada cercanos por cierto.

Hablamos que Iquitos es una ciudad conformada por un proyecto arquitectónico europeo, propio de sus pioneros extranjeros llegados con el propósito de establecerse, aunque concluimos que mayormente para valerse de las riquezas naturales de estos predios. Ambos decidimos revisar en la historia para conocer lo que realmente sucedió en aquellas épocas de bonanza.

La fiebre del caucho (Ciclo da borracha en portugués) constituyó una parte importante de la historia económica y social de nuestro país y particularmente de la Amazonía peruana, siendo Iquitos una de las ciudades que elevó sus niveles. Además de Perú, fueron Brasil, Colombia, Bolivia y Ecuador que se valieron de esos efectos para crecer económicamente.

Por esos tiempos se disparó el proceso colonizador, atrayendo riqueza y causando transformaciones culturales y sociales, además de dar gran impulso a ciudades amazónicas como Iquitos, Belém do Pará en Brasil y en especial la ciudad brasilera de Manaus, hasta hoy la principal ciudad amazónica y capital del Estado de Amazonas . La fiebre del caucho vivió su auge entre 1879 y 1912 experimentando tiempo después, una resurrección entre los años de 1942 y 1945. El descubrimiento de la vulcanización y de la cámara neumática en la década de los años 1850 dio lugar a una "fiebre extractiva del caucho".

Cierto es que fueron los indios centroamericanos los primeros en descubrir y aprovechar las particulares propiedades del caucho natural. Entretanto, fue en la selva amazónica donde se desarrolló la actividad extractora a partir del árbol del caucho, shiringa o seringueira (en portugués), un árbol que pertenece a la familia de las euphorbiaceae , también conocido como árbol de la fortuna.

El desarrollo tecnológico y la revolución industrial, en Europa, fueron el detonante que convirtió al caucho natural, hasta entonces un producto exclusivo de la Amazonía, en un producto con alta demanda que se valorizó en el mercado mundial, generando ganancias y dividendos a cualquiera que se aventurase en este negocio. La actividad extractiva del látex en la Amazonía se tornó de inmediato en una actividad muy lucrativa.

La bonanza de esos tiempos, generada por el auge y el interés del mundo por el caucho hizo, por decir un solo ejemplo, de la ciudad brasilera de Manaus, localizada en el Estado de Amazonas, que sea considerada (en esa época) la ciudad más desarrollada de Brasil y una de las más prósperas del mundo; era la única ciudad de ese país en poseer luz eléctrica y sistema de acueducto y alcantarillado. Manaus vivió su apogeo entre 1890 y 1920, gozando de tecnologías que otras ciudades del sur de Brasil no poseían, tales como el tranvía eléctrico, avenidas construidas sobre pantanos desecados, además de edificios imponentes y lujosos como el Teatro Amazonas, el palacio de gobierno, el mercado municipal y la casa de aduanas.

En los países donde influenció la explotación cauchera, los territorios amazónicos estaban habitados en su mayor parte por etnias indígenas. La llegada de colonizadores en busca del preciado caucho a estos territorios causó un choque cultural con los nativos que en la mayoría de los casos desembocaron en torturas, esclavitud y masacres.

Caminando sobre parte de la historia shiringuera, encontramos que en 1885, empieza la época del auge del caucho (aunque su explotación se realizaba ya desde tiempo atrás), producto cuya exportación aumentó año tras año hasta 1907, en que se registraron 3,029 toneladas métricas. Esta bonanza no volvería a repetirse. Iquitos experimentó durante aquellos años un auge y una prosperidad que no había tenido nunca, bonanza que también alcanzó a otras ciudades como Tarapoto, Moyobamba y Lamas. Los patrones derrochaban el dinero que habían ganado y construían lujosas viviendas para las que importaban materiales desde Alemania y otros países de Europa. Se impuso la moda europea y los caucheros vestían con las mejores telas y bebían los más finos licores. Muchas de las construcciones que aún se conservan en Iquitos dan testimonio del efímero período de abundancia y de improvisadas fortunas que al final de cuentas se esfumaron con la misma facilidad con que se habían formado a costa de tantas vidas, abusos y sacrificios.

Yayo de la Melena, un amigo iquiteño me sorprendió en las búsquedas que hacía de los rastros caucheros en Iquitos y me presentó fotos familiares de su abuelo, que al igual que sus compañeros extractores, al mediodía vestían elegantes ternos de casimir europeo, con clásicos sombreros, en medio de las selvas profanadas nautinas de Loreto con escopetas en mano y botellas de cerveza al parecer alemanas. Clara demostración del boato de esos tiempos de los explotadores del enriquecedor látex.

Asimismo, las fotos de aquella época describen el paso de hasta dos tranvías que algunos llamaban liliputienses (serían por que eran pequeños?) que cruzaban nuestras calles iquiteñas. Las personas de entonces caminaban en domingo o feriados, y hasta quién diría de a diario, vistiendo elegantes ternos (saco y pantalón) de colores claros y muchos de ellos descalzos, pero eso sí luciendo distinguidos sombreros saritas que suponía se daba el uso sin distingo de niveles económicos.
Iquitos, fundada en 1757, por los jesuítas y convertida en capital del departamento por el mariscal EP Ramón Castilla y Marquesado en 1864, fue el centro cauchero de la selva peruana y el primer puerto fluvial sobre el río Amazonas peruano. Desde allí se comercializaba con Manaus, en Brasil. Desde 1880, con el auge del caucho, la ciudad inició su expansión. Llegó contar con colonias de portugueses, españoles, judíos y chinos y hasta nueve consulados en aquella época. Iquitos gozó de años dorados en los que la riqueza que trajo el oro blanco dejó muestras del esplendor en mansiones y en edificios de estilo morisco, como la Casa de Fierro, diseñada por el ingeniero Gustav Eiffel que se ubica en una de las esquinas de la Plaza de Armas.

Muestra de esa época de grandeza económica está el edificio del Hotel Palace, actualmente ocupada por la Región Militar del Oriente, en la esquina del jirón Putumayo con el Malecón Tarapacá.

Recuerdo haber visto una fotografía en la que en la urbe las colonias se mostraban claramente definidas y propiciaban encuentros sociales y deportivos. Una instantánea, al parecer de principios del siglo XX, exhibe un letrero con dos hombres vestidos muy al terno, con sombreros y expresivos mostachos viajando al lado de uno de los trenes urbanos iquiteños con el anuncio de un “match de football entre norteamericanos y peruanos”.

En Iquitos, en un momento, las principales casas exportadoras eran las de Julio C. Arana, Luis Felipe Morey y Cecilio Hernández, aunque hubo numerosos caucheros menores no menos importantes. Arana fue el mayor: su casa fue propietaria de los fundos gomeros y de las colonias del Putumayo, la Casa Arana se convirtió en la Peruvian Amazon Company con sede en Londres y acciones en la bolsa. En 1909, desalojó a los caucheros colombianos y ganó el control no sólo del territorio comprendido entre el río Caquetá y el río Putumayo(antiguos límites del Perú), sino de la mano de obra indígena en toda la región a quienes controló con policías de la Scotland Year, traídos de la colonia inglesa de las Antillas centroamericanas.

Durante la prefectura de Pedro Portillo (1901-1904), se aprobaron leyes que gravaron a las importaciones e intentaron darle una mejor distribución a los impuestos derivados de la exportación de la goma, según sus calidades. Quedaron libres de impuestos productos como la manteca, el azúcar y las harinas, así como ciertas herramientas y maquinarias agrícolas. De este modo, la flamante Aduana de Iquitos incrementó sus ingresos notablemente y Loreto se niveló económicamente con respecto al resto del país.

En cierto sentido el cauchero fue un conquistador moderno, un explorador que -sin Biblia ni Dorado ni Paititi- gobernó una tierra indómita, descubrió en ella un atractivo desconocido y la convirtió en una región apetecible que hoy sigue ofreciendo infinitas posibilidades y riquezas en diversas formas.

De los efectos colaterales de este boom, de los desplazamientos nativos, de los crecimientos económicos comparativos, las entregas “pacíficas” de territorio a países vecinos y otras experiencias propias de las alteraciones ocasionadas por la extracción cauchera, me ocuparé en otra oportunidad.

Por ahora me basta mencionar que el riojano Julio César Arana del Águila (1864-1952) en el nororiente, por estos lares, y el huaracino Carlos Fermín Fitzcarrald (1862-1897) en el suroriente, fueron los grandes emprendedores de la explotación del caucho.

La historia nuestra (peruana) y particularmente de Iquitos en su relación de abundancia económica, no es un patrimonio que únicamente está en nuestras manos y que solamente nos pertenece, debido a su colateralidad es pertenencia globalizada pero mucho más sentida en la historia de brasileros, colombianos, bolivianos y ecuatorianos, y entre los peruanos es sentimiento compartido con sanmartinenses, ucayalinos, cajamarquinos y de los hijos de Madre de Dios. Es por eso que investigué entre las publicaciones extranjeras y nacionales, encontrando abundante material que poco a poco iré compartiendo con mis lectores.

Aunque como consuelo me queda el orgullo de que Iquitos vivió su bonanza, heredó arquitectura y una sociedad que siendo peruana parece respirar aires extranjeros todo derivados de un pasado vivido de una manera distinta. Mientras tanto seguiré caminando entre las letras que nos deja la historia y entre las palabras que obtenemos y discutimos con mi amigo Enrique Rodríguez Morales, otro buscador de este tema desde su terca propuesta empresarial, que juntos iniciamos, “La Taberna del Cauchero”, una especie de pequeño gran museo gráfico de esa época y centro de tertulia de loretanos y extranjeros que agradablemente se refrescan con unos vasos de cerveza y muchas fotos agigantadas al frente.

DOCTORCITO “HUAYRA SIKI”

La destitución del Arquitecto Raúl Morey Menacho de la Presidencia del Gobierno Regional (de Loreto) podría ser un caso típico de lo que “mal comienza, mal termina”. Desconociendo la realidad regional y con el propósito de formar su séquito de “ayayeros”, el técnico loretano se trajo de Lima una recua de “asesorillos” sin saber, acaso, que en Iquitos hay dos Universidades con buenos profesionales; en el Gobierno Regional también.



Esto causó resentimiento en la elite intelectual de nuestro medio, que fue fomentándose hasta los resultados que se dieron. Pero estos son detalles políticos que no nos interesan, no nos motivan para escribir; vamos sencillamente a uno de los episodios propios de la tierra que me vio nacer y que ocurrió en las oficinas de la Presidencia del Gobierno Regional. Nos remitimos a los hechos.

Entre los traídos de Lima, hubo un “doctorcito” que, llegado con una atrás y otra delante, pronto se hizo de buenas camisas de shallys, polos importados, pantalones modernos, zapatillas lujosas; es decir, se puso futre de la noche a la mañana; llegó a regalar su pantaloncito “lliquilliqui” todo “pacuyashca” su fundillo. En Lima jugaba fútbol con latas y en Iquitos con buenos y nuevos soles

No era guardaespaldas del arquitecto sino su asesor dizqué; pero llegó a hacer el triste papel de conserje, dedicado a llevar y traer papeles, contratos, convenios, oficios por todas las oficinas de “El Dorado” (sede del entonces Consejo Transitorio de Administración Regional CTAR); era de ellos que los viperinos llamaban “chupamedias”, pero una paisana mía, con la gracia propia de los cholos charapas le puso una chapa regional: “huayra siki” (huele poto).

La señora de edad avanzada, casi diariamente acudía al Gobierno Regional por gestiones de su asentamiento humano o pueblo joven, no podía hablar con el Presidente porque el “doctorcito” lo impedía, pues éste no dejaba ni a sol ni a sombra al Arquitecto Morey; siempre estaba pegado a su lado, como una lapa; lo acompañaba desde su alojamiento hasta El Dorado y viceversa, día y noche, ida y vuelta; andaba oliéndole algo.

La desesperada paisana mía, cansada de acudir a las oficinas de El Dorado e impedida de hablar con el Presidente, acudiendo a su ingenio, con prepotencia y malacrianza llegó hasta las oficinas de la Presidencia y airadamente preguntó - Srta. Secretaria, ¿quién es ese “Huayra Siki” ah?.


Alvaro Mesía Velásquez
Periodista Iquiteño

PLAZA 28: HISTORIA Y PRESENTE

He escrito algún artículo sobre la plaza 28 de Julio, pero a decir no me satisfizo plenamente. En mis recuerdos me acordé de un personaje, que muy bien podía llenar vacíos: el señor Leopoldo Marchand Del Águila; fui a buscarlo y le invité a dialogar, paseando por los cuatro costados de la plaza. Le dije: vamos paso a paso y me cuenta todo lo que conoció en este gran cuadrilátero. “Encantado”, me contestó.

Padre Silvino, que en el año de 1919 ya no había cementerio, sólo un gran arenal y todo este gran espacio estaba convertido en dos campos de fútbol: desde la calle Aguirre hasta su Colegio, era del Club 2 de Mayo, y desde Grau hasta Moore, campo del José Pardo. Lo restante arenita y pampón”.

Bueno, comencemos por la calle Bermúdez segunda cuadra. Comienza hablando de familias, sobre todo de un chino, con su cola larga, de su casa, una chozita y a continuación la casa del mismo señor Marchand, luego algo interesante, el espacio que ocupó el cine Amazonas, que después tomó el nombre de cine “El Loretano”, situada donde está situado hoy día la pollería “Cocoroco”.

.Primera cuadra de la misma calle, a la esquina ahí donde está el bar “La Punta del Este” el cine “Imperio”, propiedad de la familia Wesh. Un cine con todas las de la ley, platea y cazuela y un gran proscenio. “Lo demás, padrecito, casas de familias conocidas como Basagoitia y Rengifo”.

Pasamos a la calle Aguirre, pr.imera cuadra: un bar nocturno llamado “El Bolívar” y en la esquina el gran cine “España” del señor Altimira. El señor Leopoldo empieza a perorar (hablar) sobre este cinema y me da la ubicación de la entrada a platea, a la cazuela y donde estaba la boletería.

Calle San Martín, ¿no señor Marchand? Pues no, porque esta calle se llama primero Itaya luego Omaguas y ahora San Martín, ¿en esta tercera cuadra qué había? En la esquina primero el club 2 de Mayo. Ahí mismo se hizo el cine “Gloria”, sonoro y sobre sus cenizas el cine “Bolognesi”, propiedad del señor Segura.

Pasando la tercera cuadra sólo me dice: aquí todo eran casas rústicas y hasta la cancha de básquetbol y ring de box que aquí se jugaba, también era muy modesto.

Pues sí le dije, porque yo conocí esta cancha. Se echó a reír, me dice: ¿Tan viejo es usted?. Pues no, ya que usted me lleva 8 años.

Seguimos caminando y entramos a la primera cuadra de la calle Mariscal Cáceres. En esta calle ¿Qué había señor Marchand? Sencillamente nada. Casas muy pobres y enfrente los pozos donde lavaban la ropa muchas lavanderas necesitadas. Pues es cierto, le dije: por las tardes venía a pasearme y conversaba con esta gente y en verdad que era un lavadero pero murmurante.

Último espacio, la calle Moore. ¿en esta cuadra donde usted vive hoy había alguna cosa importante? Pues no, sólo le recuerdo las familias: Chacón Díaz, Lozano, Zagaceta y Marchand, pues aquí estoy viviendo desde el año de 1937.

Le agradecí mucho el diálogo y me despedí hasta la próxima. Buena gente, muy ameno y todavía a sus 81 años con la mente muy lúcida. En resumen, 4 cinemas en las esquinas de este cuadrilátero.

Silvino Treceño Ríos
Español
Sacerdote agustino/Periodista/Historiador
Fallecido 20.11.00